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Archivo mensual: octubre 2013

Reflexiones sobre el descontrol origen del déficit de tarifa y la necesitad de “blindarnos” ante esos errores, además de corregir el déficit.

Yo creo que a esta alturas ya todos tenemos claro que sólo apretar a proveedores y clientes para corregir el déficit de tarifa no está siendo la solución definitiva y, además, está resultando negativa para la competitividad del país y para la imagen y solidez de nuestro sector eléctrico. La reforma eléctrica parece totalmente centrada en controlarlo, lo cual es sin duda necesario, pero yo me planteo si, visto el éxito limitado de los intentos anteriores, ¿no sería necesario, además, buscar, encontrar y razonar los motivos por los que, de repente, al Estado se le fueron tanto de las manos los costes regulados que no se atrevió, ni se atreve, a trasladarlos a los precios finales?. Al respecto, yo creo que al final de los 90 y principio de los 2000 tuvimos condicionantes internos y externos que no supimos enfrentar con serenidad y lógica económica, y que de ahí nació el inicio y continuidad del déficit.

Yendo al grano, yo veo una “tormenta perfecta” en la coincidencia en ese periodo de  cinco cosas: la liberalización eléctrica 1997 impuesta por Bruselas, con lo que la inversión en generación pasaba de golpe a ser responsabilidad directa de los agentes, no de los estados; que en España eso coincidió con el fin del último ciclo inversor regulado; que también coincidió con un momento de mucho crecimiento de la demanda. Estas dos coincidencias obligaron a mucha rapidez en la toma de decisiones en nuevas inversiones; en paralelo, Bruselas se posicionó pro renovable con fuerza, y el gobierno español reaccionó a tope; y también coincidió con la época de vacas gordas, cuando parecía que todo era posible. Lo voy a tratar de explicar en los siguientes párrafos identificados por temas, para  acabar, como siempre, con resumen-reflexión y propuestas concretas.

La liberalización eléctrica: Hay gente que opina lo contrario, pero los países miembro de la UE no habían, ni han, cedido a Bruselas la soberanía en temas energéticos, y menos en  electricidad pero, a pesar de ello, Bruselas se lanzó al objetivo de un mercado eléctrico único UE, pero a mi juicio se cometieron errores conceptuales graves:

  • Un producto que también se puede entender como servicio público es de difícil gestión unificada desde Bruselas, luego hay que plantearlo muy bien, lo que no fue el caso.
  • Ya está más que estudiado que un producto como la electricidad, que requiere de red de transporte específica, solo se puede liberalizar en relación estrecha y constante con el desarrollo de esa red. O sea, hay que coordinar libertad de inversión con desarrollo de la red. Un ejemplo real en España: ciclos combinados acabados pero parados porque no contaban con conexión con la red española, eléctrica y/o de gas.
  • La red instalada en Europa al final de los 90 ni de broma era capaz de asumir esa liberalización en beneficio de los consumidores a nivel UE, y 15 años después las redes siguen sin dar cabida a un mercado único UE de electricidad. Bruselas lo sabe, pero sigue en sus trece. Otro ejemplo: ¿De qué sirve a los consumidores europeos que en España haya exceso de potencia instalada si nuestra escasa conexión eléctrica con Francia no les permite comprar aquí ese exceso? Es más, el resultado es que los españoles tenemos que parar los ciclos combinados y pagar por ello. ¿Es esto algo comparable a un mercado liberalizado UE?.

La presión medioambiental: Bruselas, simultáneamente, lanzó su enorme presión medioambiental, enfocada en electricidad en lanzar las renovables con objetivos muy exigentes. Eso no casaba con su decisión de liberalizar las inversiones en generación eléctrica porque, en un mercado real es el mercado, no el regulador, el encargado de determinar las tecnologías más eficientes y competitivas, y como las renovables estaban a un nivel de desarrollo que las llevaba a precios fuera de competencia con las tecnologías clásicas, el mercado no las impulsaría. Pero los objetivos medioambientales eran sagrados, y tocaba a cada país miembro encontrar el camino para entroncar las renovables en los mercados recién liberalizados, pero con ayudas y prioridades contrarias al mercado, y con Bruselas mirando para otro lado.

La planificación: Ya con el mercado liberalizado, en septiembre 2002 el Gobierno publica la Planificación de los sectores de electricidad y gas. Desarrollo de las redes de transporte 2002-2011, y el propio texto se apresura a explicar la diferencia entre el antes y el después de la liberalización. Lo copio tal cual porque lo explica perfectamente bien:

 Es cierto que la planificación energética no es un concepto nuevo. Sin embargo es preciso resaltar que nos encontramos ante una labor claramente diferenciada de lo que se ha venido haciendo bajo esta denominación hasta épocas recientes. Anteriormente la planificación tenía como objetivo efectuar un programa de obligado cumplimiento en donde se definían todas las inversiones que habían de acometerse en el sector energético en un plazo determinado. Es decir, se establecía el conjunto de inversiones que iban a tener lugar, así como la tecnología a emplear y la retribución económica del inversor. Este modelo ha dado paso, en el nuevo marco regulatorio, a la planificación que en su mayor parte es indicativa y donde, por tanto, sus elementos dejan de vincular a los agentes respetándose el principio de libre iniciativa empresarial

El nuevo ciclo inversor bajo libertad de inversión: La liberalización coincidió con el final del último ciclo inversor planificado y con años de fuerte crecimiento de la demanda, lo que provocó la necesidad de rápidas decisiones de inversión en esa nueva condición de libertad y sin tiempo para digerir sus pros y contras. El resultado: un doble esquema inversor simultáneo, las eléctricas clásicas lanzadas a los ciclos combinados porque el resto de tecnologías estaban o saturadas, hidráulica, o politizadas, nuclear, o fuera de entorno CO2, fuel y carbón, y el Gobierno, haciendo de empresario, lanzando una fuerte apuesta por las renovables.

Los dos procesos se desarrollaron en paralelo y sin coordinación. Un dato: la planificación antes aludida, septiembre 2002, indicaba que para garantizar la cobertura de demanda en 2011 serían necesarios 14.000 MW de nueva capacidad en el régimen ordinario y 26.000 MW en el régimen especial y, pocos líneas más adelante, el propio documento hacía ver que ya en marzo 2002 se habían oficializado solicitudes por 35.000 MW en ciclos combinados y 40.000 MW en régimen especial. A pesar de la libertad de inversión, ¿no debió alguien reunir a las partes, eléctricas y estado promotor, y hacerles razonar?. No sólo no se hizo así, sino que hemos creado dos grupos de empresas antagónicas dentro de un mismo sector.

La competencia entre el gobierno como promotor y las eléctricas clásicas: Las condiciones de financiación de esos dos procesos de inversión simultáneos eran radicalmente distintas. En un caso inversiones sometidas a la realidad financiera de las empresas y a la necesidad de elegir lo mejor para producir a precios de mercado, y en el otro todo el apoyo del esquema de ayudas, las primas, no encajadas en los presupuestos generales del estado sino directamente trasladadas a los consumidores en una especie de hipoteca a 25 años y, además, con objetivos establecidos por unas planificaciones específicas, los Planes de las Energías Renovables. Por supuesto los PER eran una planificación indicativa, pero muy especializada y dirigida, y como contaban con financiación garantizada, pasaron casi a dogmas de obligado cumplimiento, siempre justificados por los compromisos medioambientales con la UE. Sólo un ejemplo: en 2012 los ciclos combinados se quedaron en 25.000 MW, 10.000 MW menos que los solicitados en 2002, mientras que el régimen especial llegó a 38.500 MW, sólo 1.500 menos que los solicitados en 2002, y siguió creciendo.

El gobierno y las CC.AA.: Todos los expertos a los que he consultado me confirman que el RD 661/2007, por el que se regula la actividad de producción de energía eléctrica en régimen especial es clave a la hora de explicar la explosión renovable. El RD sustituyó al 431/2004, conceptualmente semejante, entre otros motivos porque el ritmo de inversión de algunas tecnologías renovables no cumplía objetivos. El nuevo RD, entre otras cosas,  fijaba primas por tecnología y los niveles de potencias objetivo con derecho a esas primas, con lo que las cosas parecían bajo control pero, a la vez, cedió a las CC.AA “la autorización administrativa para la construcción, explotación, modificación sustancial, transmisión y cierre de las instalaciones de producción en régimen especial…”, con lo que, de hecho, ese control sobre niveles de potencia con derecho a prima desapareció, algunas tecnologías se dispararon, las primas por MWh se mantuvieron y nos encontramos con el caos actual.

RESUMEN Y CONCLUSIONES

La liberalización eléctrica decidida por Bruselas al final de los 90 coge a España en un momento complicado, agotamiento de los planes previos de inversión en potencia eléctrica, fuerte crecimiento de la demanda y mucha presión ideológica a favor de las energías renovables. El final ha resultado en un mercado muy mejorable y una liberalización a medias, solo aplicada a las tecnologías clásicas mientras que el régimen especial ha respondido a una planificación específica e intensa, financiación incluida. Y en esta situación todos, los proveedores clásicos, los de régimen especial y los consumidores, estamos más incómodos con nuestra actividad en España que nuestros equivalentes en Francia, por ejemplo. El ejemplo no es único, pero lo he elegido porque es el país UE que nos ayudaría a resolver nuestros problemas actuales permitiendo incrementar las interconexiones con el resto de Europa, pero no está en ello porque sus generadores y sus consumidores no lo necesitan y, como ya he dicho, Bruselas mira para otro lado.

Es decir, estamos ante un problema en parte provocado, pero en el que nos hemos metido nosotros mismos, y del que tenemos que salir por nuestro propio pié. Desde luego, el déficit es un resultado negativo que requiere de solución urgente, pero no es sólo un problema sino el resultado de un descontrol  total que, necesariamente, también hay que corregir.

REFLEXIONES Y PROPUESTAS

Respecto del déficit: Por supuesto atajarlo, erradicarlo, pero a mi juicio no habrá solución definitiva mientras Hacienda no se involucre de verdad. Por eso me alegro mucho de que el pasado 18 de octubre el BOE publicase la Ley 13/2013, por la que se establece la financiación con cargo a los Presupuestos Generales del Estado de determinados costes del sistema eléctrico, ocasionados por los incentivos económicos para el fomento a la producción de energía eléctrica a partir de fuentes de energías renovables y se concede un crédito extraordinario por importe de 2,2 Millones de euros en el presupuesto del Ministerio de Industria, Energía y Turismo. Confío en que sea el inicio del marco definitivo para la solución del déficit,  y más ahora, con las cosas mejorando y cuando ya todos sabemos que el déficit eléctrico supera las posibilidades de la suma proveedores+consumidores.

Respecto del descontrol: Está comprobado que en el sector eléctrico hemos cometido errores que no hemos hecho en otros sectores, luego el Gobierno debería autoimponerse controles de obligado cumplimiento para que no vuelva a ocurrir. Destaco cuatro, y no incluyo el mercado porque, aunque mejorable, no es responsable del déficit:

  • El Estado como promotor en un sector liberalizado: Antes de empezar, un ejemplo: Sector automóvil: ¿Se le ocurriría al Estado subvencionar empresas para producir coches eléctricos a espaldas de Seat, Renault, Ford, etc? La respuesta es no, ¿verdad?, luego tampoco se puede repetir en el sector eléctrico. Es más, hay que reunificar los dos sectores actuales, el clásico y el renovable, porque el país necesita a las eléctricas compitiendo en el mercado, no peleando por posiciones que el consumidor no puede soportar.
  • Financiación “adjudicada” a los consumidores: Por supuesto que todo Estado tiene derecho a crear y promover pero, a la hora de financiar las ideas, por fantásticas que sean, en un mundo globalizado se tienen que encajar en sus posibilidades reales para evitar burbujas que, al final, siempre explotan. O sea, nunca más trasladar directamente al consumidor costes que el Estado decide pero no puede asumir.
  • Compartir responsabilidad con las CC.AA.: No tiene sentido desde la perspectiva técnica, ni económica ni de seguridad pero es que, además, todos los expertos coinciden en la necesidad de UNA política energética, y por supuesto eléctrica, consensuada a nivel nacional, y Bruselas con el objetivo de UNA a nivel UE, luego…
  • El triangulo seguridad de suministro-sostenibilidad medioambiental-precios competitivos: Siempre se dibuja como equilátero, pero no es verdad. En todo lo que sean costes manda la economía real, la globalizada, luego la seguridad de suministro sólo puede ser la eficiente, no disparatada, la sostenibilidad medioambiental la máxima posible, pero no la utopía, y los precios sólo pueden ser competitivos y el regulador no puede cambiarlo por el concepto de “los mejores precios posibles” porque, o el país compite y genera riqueza, o ni la seguridad de suministro ni la sostenibilidad medioambiental estarán garantizadas.
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