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Archivo mensual: septiembre 2013

La interrumpibilidad tras la reforma. La propuesta de 17 de julio se puede, y se debe, negociar a tres bandas, industria, REE y Ministerio, para que cumpla todos los objetivos

La propuesta de OM que propone un nuevo esquema de gestión de demanda, ya sólo interrumpibilidad, es fundamental para la industria básica porque, desde hace ya tres décadas, la única opción que ha ofrecido nuestra regulación eléctrica a la industria electrointensiva (últimamente incluso a las “empresas G4”) para conseguir electricidad competitiva ha sido la gestión de demanda contratada con el operador del sistema, REE, para colaborar en la garantía de suministro en momentos duros y funcionar todos los días en condiciones favorables a la curva de carga diaria. Por eso el análisis de la propuesta que pretendo resumir en este trabajo se centra fundamentalmente en ese objetivo de competitividad vía colaboración con el sistema, sin  entrar en detalles técnicos, porcentajes, límites, etc,.

Como siempre, adelanto mi opinión: Imprescindible una negociación porque la propuesta de OM responde perfectamente a los objetivos “eléctricos” pero, en su redacción actual, no garantiza, ni mucho menos, que se consiga el otro objetivo, el de precios competitivos para las industrias que se “vinculen” al sistema eléctrico vía gestión. Para justificarlo, empezaré con dos reflexiones previas, explicaré los fundamentos y aspectos económicos clave para la empresa de la propuesta de interrumpibilidad, comparándolos con lo actual, razonaré sobre la lógica de seguir utilizando la gestión de demanda como vía para que la industria básica recupere competitividad eléctrica, y acabaré con conclusiones y propuestas.

La primera reflexión. Las opciones del Ministerio cara a mantener la competitividad de la industria: Es necesario razonar que, en una situación de precios eléctricos empeorando durante años respecto de los que paga la industria en los países más industrializados de la UE, el Ministerio tenía tres alternativas:

  1. Introducir en la reforma los cambios necesarios para que la industria consiga precios eléctricos finales comparables a los de sus colegas en los países industrializados, pero en sus mismas condiciones, es decir, sin tener que asumir los esfuerzos, costes y compromisos que exige, en España, la disponibilidad ante problemas del sistema eléctrico.
  2. Mantener en su reforma eléctrica el concepto de gestión de demanda, adaptándolo a la realidad actual si lo consideraba necesario.
  3. Ni una cosa ni otra. Precios eléctricos, los que salgan, y adiós a la industria electrointensiva.

El Ministerio, al no apostar por la tercera, demuestra que busca la competitividad de la industria, como es lógico. Muchos responsables de las industrias afectadas pensarán, con razón, que la opción mejor era la primera. Estoy de acuerdo, pero puedo entender que se haya optado por la segunda porque, después de treinta años en los que nuestros reguladores eléctricos han puesto números, puntos y comas contando con la compensación de precios finales vía la gestión de demanda, tratar de corregirlos uno a uno habría supuesto añadir innumerables dificultades e inseguridades a una reforma eléctrica ya de por si supercompleja.

Segunda reflexión. Los condicionantes en las empresas a la hora de utilizar esta herramienta de competitividad: Cada empresa es un mundo, porque tiene que conseguir que el peso de SU factura eléctrica en SUS márgenes operativos resulte suficientemente competitivo en España, pero para conseguirlo se enfrenta a las características técnicas de SU proceso productivo, que tiene que ser capaz de afrontar las ordenes de interrumpibilidad con plena garantía de cumplimento, manteniendo las condiciones de seguridad interna y con recuperación del nivel normal de actividad razonablemente rápida.

Y como hablamos de acero, cemento, zinc, cloro, cobre, aluminio, ferroaleaciones, química básica, etc, está más que demostrado que tanto el peso de la electricidad como los procesos tecnológicos son muy distintos, por lo que el esquema de interrumpibilidad debe ser útil, a la vez, para empresas diferentes en necesidades y posibilidades. En lo que si coinciden todas es que la competitividad de su factura eléctrica se tiene que poder visualizar a plazo coherente con el retorno de sus inversiones, o sea, largo plazo.

Las claves de lo actual: La empresa que cumple los requisitos establecidos para poder ser interrumpible tiene derecho a firmar un contrato con REE, en el que compromete límites de potencia específicos para cada uno de los diversos tipos de interrumpibilidad, diferenciados por su duración y sus preavisos. Además, si puede, “modulará” su ritmo de trabajo todos los días, demandando menos potencia en horas punta que en horas valle, de forma programada y manteniendo a REE sistemáticamente informada. Ese contrato, prorrogable o revisable anualmente, garantiza que la empresa, salvo fallos propios, recibirá durante la siguiente temporada eléctrica (1de nov-31 de oct) una compensación por MWh consumido que depende del esfuerzo comprometido y de un precio de referencia del MWh, de aplicación general, publicado en el BOE con carácter trimestral y establecido en relación con la evolución del mercado eléctrico. Es decir, el esquema en vigor permite una compensación razonablemente predecible a largo plazo, salvo incumplimientos o cambios regulatorios.

Las claves de la propuesta: REE, nuestro operador del sistema, decidirá, cada año, de cuanta potencia interrumpible quiere disponer durante la siguiente temporada eléctrica y, a partir de ahí, se inician los trámites para una subasta en la que podrán participar todas las empresas habilitadas para ser interrumpibles, o sea, cumplidoras de todos los criterios. La subasta partirá de un precio de salida, que se irá ajustando a la baja hasta equilibrar la potencia necesaria y la ofertada. Es decir, durante los siguientes doce meses sólo recibirá compensación quien no resulte excluido en la subasta, y la situación de incertidumbre se repetirá cada año. En cuanto a posibilidades de adaptación, por un lado se elimina la modulación y, por otro, la propuesta ha replanteado los tipos de interrumpibilidad, pensando lógicamente en su condición de “productos a subastar”. Por ambos motivos las posibilidades de adaptación de cada empresa son menores que ahora

En cuanto a la compensación, se establece una parte fija y otra variable, lo que me parece lógico, la fija en función de la potencia a ceder asignada, “ganada”, en la subasta, multiplicada por el precio resultante de la misma, y la variable en función de los tiempos de aplicación de interrumpibilidad  y a un precio relacionado con el de regulación terciaria, con lo que la predictibilidad a largo plazo desaparece, porque ni se puede prever el precio final de la subasta anual  ni hay seguridad de salir airoso de la misma.

Las diferencias empresariales y la subasta: La subasta pone en competencia a las empresas a la hora de conseguir compensación económica por su oferta de potencia interrumpible, lo que quiere decir que, salvo que REE necesite toda la potencia interrumpible ofrecida por todas las empresas habilitadas, en la subasta se impondrán las empresas con cesión de potencia más barata, y el resto queda fuera, es decir, no cobrará ese mínimo sino nada.

Alguien puede pensar que ese sería el resultado positivo del nuevo esquema propuesto, y yo podría estar de acuerdo si todas las empresas acudiesen a la interrumpibilidad con las mismas necesidades económicas y posibilidades técnicas, pero ya hemos aclarado en la segunda reflexión que no es así, con lo que la subasta resultará discriminatoria a favor no de las empresas más eficientes, sino de las que lo tengan más fácil a la hora de interrumpir y/o de soportar sobrecostes eléctricos, y ese no puede ser el resultado de la nueva interrumpibilidad porque, y no me importa volver a recordarlo, el problema de falta de competitividad de la electricidad que consumen en España es común para todos los interrumpibles, y la solución que se les ofrece es ese nuevo esquema de interrumpibilidad es, también, la única para todos.

La visibilidad largo plazo: Todas las industrias de las que hablamos invierten con recuperación a largo plazo, luego todas necesitan esquemas de futuro predecibles para seguir invirtiendo, en España o donde sea. En este sentido, ya hemos visto que, hoy, las empresas pueden estimar con razonable fiabilidad a largo plazo la “atemperación” de su coste eléctrico vía gestión de demanda, pero si la propuesta se queda como está, esa fiabilidad desaparece por completo porque ninguna empresa sabe cuánta potencia va a necesitar REE cada año, ni cómo reaccionarán ese año empresas de sectores que nada tienen que ver con el propio, luego nadie sabe si el año que viene tendrá o no compensación, y cuanta. ¿Puede alguien a quien le importe de verdad el precio eléctrico invertir en estas condiciones?

Otra diferencia, interrumpibilidad aplicada por criterios económicos: Aunque no lo he explicado antes, no quiero pasarlo por alto. Hasta ahora, la interrumpibilidad se entendía como “último recurso” con el que REE puede evitar un apagón local o zonal. Ahora a este criterio se añade otro, según el cual se aplicará la interrumpibilidad si cuesta menos que los servicios de ajuste del sistema eléctrico.

Mi primera reacción es que debería plantearse en plan de prueba, porque hablamos de poner a competir a plantas industriales que no se dedican al negocio eléctrico, y que son mucho más complejas técnicamente que cualquier central eléctrica, con instalaciones diseñadas para, sólo, producir electricidaden, y todo en un proceso de ajuste específico del sector eléctrico. Por eso pienso que hay que ir con cuidado y que, si el problema es que el precio que consiguen  los eléctricos por estos ajustes están creciendo demasiado, quizá la solución pase por revisar la forma en que se establecen esos precios.

La lógica de seguir apostando por la gestión de demanda, en la OM sólo interrumpibilidad, para resolver sobrecostes regulatorios: Soy partidario por varios motivos, entre ellos porque la importancia de la apuesta española por las renovables obliga a aprender a gestionarla en lo económico, por supuesto, pero también desde la perspectiva de la seguridad de suministro, dado que su producción depende del sol y el viento, y no de las necesidades de los consumidores, y porque en los próximos años son las únicas que seguirán creciendo mientras que las gestionables decrecerán, y porque estamos en un sistema eléctrico aislado que tiene que resolverlo todo de puertas adentro, y porque la experiencia de colaboración REE-industria es la más intensa del mundo, con diferencia. Y si alguien tiene dudas, que repase las más de 35 aplicaciones de interrumpibilidad, incluidas aportaciones no reguladas, con las que REE, que contaba con unos 4.000 MW de potencia interrumpible distribuida, evitó riesgos graves de apagón en el periodo 2001-2005.

Se que los problemas actuales no son los de 2001-2005, porque ahora sobra potencia nominal, pero al sistema le falta firmeza a la hora de garantizar suministro, ya que debe digerir electricidad no firme a niveles record en un sistema aislado, lo que es un problema añadido para REE y, además, obliga a márgenes de seguridad en centrales gestionables y redes más amplios de lo normal, y la experiencia y posibilidades de gestión de demanda de la industria básica siguen estando ahí y pueden ayudar en ambos casos.

Conclusiones: Tras estos párrafos mi conclusión resumen es clara: el Ministerio ha apostando por la gestión de demanda como herramienta para que la industria básica siga logrando competitividad eléctrica, pero el diseño de la OM ha resultado muy del lado eléctrico, mientras que para la industria que lo tiene que aplicar para lograr el otro objetivo, la competitividad eléctrica, resulta sin garantías ni a corto ni a largo plazo.

Pienso que el motivo de esa “inclinación” eléctrica podría haber sido la dificultad de enfrentar una reforma eléctrica de este calado negociando desde el principio con todas las partes, y por eso se ha podido preferir un diseño lineal, un hilo conductor de toda la reforma en función del objetivo pretendido por los responsables. Haya sido así, o no, hay que asumir que la electricidad no es un fin en si misma, sino una herramienta para todos, por lo que ahora toca  negociar con los afectados, y que ese hilo conductor funcione como una referencia que permita que los cambios resultado de esas negociaciones “quepan” en el diseño global.

Propuestas: Voy a identificar las fundamentales, sin entrar en detalles técnicos:

Negociación: La única forma que yo veo para que la competitividad empresarial se incorpore de verdad al proyecto de interrumpibilidad es negociando con voluntad integradora, REE incluida, y no tengo ningún motivo para pensar que el Ministerio no esté por esa labor, tras el enorme esfuerzo que ha hecho para diseñar la reforma eléctrica.

Largo plazo: El esquema no vale sin garantía de futuro y predictibilidad, porque en un mundo globalizado no se invierte donde la senda de competitividad no sea clara y estable. Y como, además, considero que es imprescindible que la reforma eléctrica acabe estableciendo fórmulas de contratación de electricidad a largo plazo indexados a variables internacionale, no veo problemas, al contrario, para empezar estableciendo fórmulas de interrumpibilidad firmes a cinco años, por ejemplo.

No limitarse a la interrumpibilidad: Las posibilidades de colaboración entre la industria básica y REE no se limitan a la interrumpibilidad. No es el momento de entrar en detalles, pero creo que si de pedir que se deje la puerta abierta, siempre en pro de colaboración-competitividad.

Considerar la gestión de demanda como herramienta estructural, no coyuntural: Objetivo:  .Conseguir un sistema eléctrico, centrales, redes, equipos, etc, más ajustado, eficiente, barato y seguro con interrumpibilidad que sin ella, teniendo en cuenta las dificultades que provoca el enorme peso de renovables en la gestión de un sistema aislado  ¿Cómo? Que los reguladores, planificadores, etc, al decidir los márgenes de seguridad necesarios dado nuestro mix, tengan en cuenta la cesión de potencia segura que pueda aportar la industria, con lo que el margen de seguridad a cubrir con centrales, líneas, distribución, etc, podría ser menor, y siempre manteniendo el objetivo de máxima integración posible de renovables con la garantía de suministro bajo control. Sé que todo ello requeriría de una vinculación empresa-sistema eléctrico muy firme y a largo plazo, pero la experiencia de décadas en España demuestra que ese no sería el problema. ¿Por qué no intentarlo?

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