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Archivo mensual: julio 2013

La reforma eléctrica ¿definitiva?. A mi juicio no, porque no fija como objetivo la competitividad de los precios finales de la electricidad

El pasado 12 de julio fue la fecha a partir de la que la superesperada reforma eléctrica se abría a todos los afectados, todos los ciudadanos, tras un proceso de gestación anormalmente cerrado. El resultado ha sido medio millar de páginas BOE y preBOE con un RDL, el 9/2013 de 12 de julio, que busca, de nuevo, corregir el déficit anual, una LEY para sustituir la que en 1997 liberalizó la generación eléctrica, y una batería de Decretos técnicos que, a su vez, generarán un serie de OMinisteriales y demás regulaciones. La lectura de lo ya publicado pone otra vez de manifiesto la complejidad de todo lo que afecta a la electricidad, y más si se busca reencauzar una acumulación de regulaciones no siempre coherentes. Pero aunque los papeles ya sean públicos, la realidad práctica tardará meses en concretarse y todavía más en traducirse a datos reales que permitan medir el resultado de la reforma.

Desde esta perspectiva, primero quiero reconocer el enorme trabajo que ha llevado a cabo el equipo del Ministro Soria para, inmediatamente, pasar a razonar sobre aspectos fundamentales a mi juicio no suficientemente tratados, y concretamente la competitividad de nuestra electricidad, que hemos perdido precisamente por causas reguladas y no entiendo cómo es posible que una reforma eléctrica que pretende ser definitiva, no incluya expresamente la competitividad de los precios finales como un objetivo fundamental, sobre todo cuando ya todos sabemos que la electricidad española está entre las más caras de la zona €.

El esquema será el siguiente: evaluación de la importancia que el RDL y el anteproyecto de Ley dan a la competitividad; evolución del el encarecimiento relativo de nuestros precios eléctricos desde 1999 hasta hoy, a partir de Eurostat; recordatorio de que  el origen de la pérdida de competitividad, y del déficit, es político, no técnico, por lo que considero necesaria más transparencia; propuesta de un ejemplo práctico para comprobar que, incluso si el efecto de los controles de déficit es superpositivo, o se entra en el origen del problema o la competitividad seguirá perdida; por último, reflexiones, conclusiones y propuestas

Las palabra competitividad en el RDL y en el anteproyecto de Ley: En las 42 páginas del  Real Decreto-ley 9/2013, de 12 de julio, la palabra competitividad aparece cuatro veces, pero tres de ellas porque forma parte del nombre o del título de algo, y la otra para justificar la bajada de impuestos sobre el carbón, y nada más, y en las 82 páginas del anteproyecto de Ley del sector eléctrico la palabra competitividad sólo aparece una vez, y dentro del apartado de planificación: “b) Estimación de la capacidad mínima que debe ser instalada para cubrir la demanda prevista bajo criterios de seguridad del suministro y competitividad, diversificación energética, mejora de la eficiencia y protección del medio ambiente”

En cuanto a objetivos, el anteproyecto recuerda los de la Ley a sustituir: “La Ley 54/1997, de 27 de noviembre, tenía como objetivos garantizar el suministro eléctrico, la calidad de dicho suministro y que éste se realice al menor coste posible, todo ello enmarcado dentro de los principios de protección medioambiental de una sociedad moderna.”, y concreta los propios: “La presente ley tiene como finalidad básica el establecimiento de la regulación de sector eléctrico manteniendo los objetivos de la ley anterior: garantizar el suministro eléctrico con los niveles necesarios de calidad y al menor coste posible, todo ello bajo el principio fundamental de la garantía de la sostenibilidad económica y financiera del sistema”.

Como se ve, el objetivo fundamental es la sostenibilidad económica y financiera del sistema eléctrico, y se mantiene el concepto de “al menor coste posible”, sin tener en cuenta que, en un mundo globalizado, el concepto “menor precio posible” no basta como objetivo porque, o es competitivo, o no vale, porque la electricidad no es un fin en sí misma, sino un producto-servicio que tiene que ser útil para los ciudadanos, las empresas y y la economía del país.

La evolución comparada de los precios eléctricos en Europa: El gráfico adjunto recoge la evolución de precios finales antes de impuestos para España y cinco países significativos para nuestra competitividad, Alemania y Francia, países industriales con los que tenemos que competir por arriba, Polonia, uno de los grandes que nos compite desde abajo, Portugal, nuestro vecino ibérico, y Reino Unido, la otra isla eléctrica. No he incluido a todos los países miembro de la UE porque lo que sale es una madeja de curvas que no permite conclusiones.

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La conclusión es clara: Desde el principio de la liberalización, y del €, el precio antes de impuestos de la electricidad española, tanto doméstica como industrial, ha pasado de entre los mejores al peor de esos seis países. Y eso que en el mismo periodo se ha producido un déficit, un no pago, de más de 38.000 Millones de € (26.000 de saldo neto hoy), luego sin déficit nuestros precios se hubiesen salido del mapa. Y si queremos datos de empresas muy grandes, muy eficientes y muy exportadoras, me permito copiar la información ofrecida en prensa hace un par de semanas por el Presidente Ejecutivo de Ferroatlantica, multinacional española con fábricas en cinco países: la electricidad les ha subido en España un 65% en 6 años, y es un 37% más cara que la media de todas sus plantas en el mundo, y mucho más respecto de lo que les cuesta en otros países europeos.

El origen del problema: Tanto del desmadre de precios como del déficit responden a tres decisiones políticas: primera:  opción eléctrica muy atractiva, pero con costes elevadísimos y muy difícilmente asumibles por nuestro país; segunda: que no se financien vía presupuestos sino directamente por el consumidor; tercera: al ver el resultado, trasladar cada año al consumidor una parte, y el resto pasarlo a un saldo negativo que se iría pagando a plazos. Para cuantificar, el RDL 9/2013 reconoce que en el periodo 2004-2012 los costes regulados subieron nada menos que un 197%, y las tarifas de acceso, la vía de pago de los consumidores de lo regulado, ¨solo” un 122%. 

El RDL explica que las normas encaminadas a controlar el déficit empezaron ya en 2009, y las detalla, pero no da datos sobre el origen y aplicación de los fondos que hemos ido aportando generadores y consumidores con todas esas normas, ejercicio que me parece imprescindible que sea público antes de apostar por nuevas soluciones y reformar las bases regulatorias del sector eléctrico. E insisto en origen y destino de lo recaudado porque, para actuar a la vez sobre la base del problema y sus efectos, pérdida de competitividad y déficit, hay que estar seguros de que todo lo que se legisla es coherente, y para eso hace falta una regulación también ocupada en retornar a la competitividad eléctrica perdida y en no volver a destrozarla.

Un ejemplo sobre la competitidad resultante: Ante la falta de datos reales sobre el origen y destino de los fondos recaudados tras todas esas regulaciones sobre el control del déficit, propongo un ejemplo necesariamente teórico, para el que me voy a centrar sobre las primas y las anualidades acumuladas de los déficit de tarifa de los años previos porque  el propio RDL indica que son los dos factores más influyentes en el desmadre de los precios regulados, ya que se multiplicaron por 6 y por 9, respectivamente en el periodo 2004-2012.

Pues bien, el propio Ministerio estimó a primeros de año que el importe anual 2013 sería de 8.913 Millones de € para las primas del régimen especial, y de 2.302 para las anualidades acumuladas de los déficit. O sea, un total superior a 11.000 Millones de € que probablemente ahora ya habrá cambiado, pero no importa a efectos de la hipótesis, más bien utopía, que voy a plantear, que es suponer que la suma de los ajustes previos más todo el nuevo esquema resulta tan eficaz que logra reducir esa cifra a la mitad, de forma razonablemente consensuada, y que el resultado es estable. Un éxito, pero no se puede olvidar que habrá que seguir pagando los otros 5.500 Millones cada año, que para consumos como los actuales a nivel país, unos 240 TWh/año, suponen un sobrecoste de casi 23 € por cada MWh consumido en España, o sea, añadir cerca de un 50% al precio de mercado.

Es decir, incluso si la utopía se cumple, el precio real de la electricidad consumida en España resultará ese 50% más cara que el precio de mercado “de convergencia” europeo. ¿Cómo se puede soportar esa diferencia?¿Qué inversor no especulador puede apostar por España en estas condiciones?. Por eso creo que la reforma eléctrica, que se pretende estable a largo plazo tiene, también, que enfrentar este problema. Porque si lo que se supone es que el mercado eléctrico europeo subirá, y con eso nuestro sobrecoste, controlado, irá perdiendo peso, pues para entonces todos muertos, o hablando americano, porque la competitividad de la electricidad europea ya es preocupante.

Reflexiones: El trabajo del equipo el Ministro Soria ha sido impresionante, pero me parece que demasiado centrado en lo inmediato, en lo tarifario anual, en lo financiero a corto, pero sin plantear una auténtica perspectiva de futuro que deje tranquilos a los empresarios de ambos lados. Es más, ya está escrito que, si vuelve a aparecer déficit no controlado, se actuará inmediatamente sobre las tarifas de acceso para corregirlo, como si la culpa fuese siempre del consumidor. ¿Cómo lo entenderá cualquier multinacional industrial?

Es decir, justo cuando Bruselas se preocupa por la pérdida de competitividad de sus precios eléctricos, tras reconocer que durante muchos años se ha sobreponderado el factor medioambiental y que hay que recuperar el tejido industrial perdido tras la experiencia de la crisis y de la presión global, resulta que la gran reforma eléctrica española no da pistas en ese sentido y sigue razonando “de puertas para dentro”. ¿Por qué el equipo eléctrico del MInisterio de Industria parece no haber atendido, o entendido, el mensaje, coincidente con el europeo, de las multinacionales industriales que operan en España, que no han dejado de insistir, con datos fehacientes, en que la electricidad española no es ni competitiva ni predecible?.

Y otra cosa que me preocupa, la falta de coherencia entre Ministerios. Todos sabemos que el Consejo de Ministros actúa de forma colegiada, pero en el caso eléctrico Industria elaboró  durante dos años seguidos tarifas de acceso presuponiendo que Hacienda asumiría los costes extrapenínsulares, y luego no era así, con lo que automáticamente aparecían casi 2,000 Millones de € de déficit eléctrico, y ha ocurrido incluso en la preparación de la super reforma, con una solución salomónica impuesta, no técnica. Y también hubo problemas cuando Industria decidió crear impuestos, cánones y tasas sobre energías. ¿Qué está pasando?.

Conclusiones y propuestas: Vuelvo a mi faceta optimista. Si hasta ahora el Ministerio ha funcionado aislado, lo mucho que ha preparado permitirá a todos analizar y proponer, con lo que si al final hay diálogo positivo, imprescindible, el resultado aportaría esas líneas de futuro que hoy todos necesitamos, porque la crisis necesita inversores largo plazo.

Y, contando con ello, una cosa que me parece imprescindible es incorporar al Ministerio de Hacienda en la búsqueda de soluciones reales, porque si el sobrecoste lo tienen que seguir pagando los agentes, proveedores o consumidores, al final acabará en los precios, porque seguimos en un mercado a medias y aislado, con lo que la competitividad se seguirá resintiendo. No tengo formación suficiente para proponer soluciones, pero estoy seguro de la capacidad e imaginación al respecto del equipo del Ministro Montoro.

Y como propuesta, mi dedo en el renglón: el € y la globalización ponen en competencia a los productos, a las empresas, pero también a los gobiernos, los ministros, los reguladores, etc, que tienen que asumir que la regulación no puede acabar provocando precios finales anticompetitivos. Pues bien, si está también demostrado que la electricidad requiere de regulación en grandes dosis, ¿no es imprescindible que la reforma eléctrica incluya la competitividad como objetivo fundamental, y más a la vista de nuestra experiencia regulatoria reciente?

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