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Archivo mensual: diciembre 2012

«Las industrias no se pueden permitir pagar fuentes costosas de generación eléctrica»

Entrevista en el periódico LA NUEVA ESPAÑA, publicada el 9 de diciembre

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Francisco L. JIMÉNEZ

Javier Penacho se jubiló en 2010 tras haber desempeñado desde 1970 numerosos cargos de responsabilidad en organismos como la patronal del acero (Unesid), la Confederación Española de Organizaciones Empresariales(CEOE), la Comisión Europea del Carbón y elAcero y, en sus últimos años en activo, la Asociación de Empresas con Gran Consumo de Energía (AEGE), una entidad que aglutina a las industrias que, como Alcoa, AZSA o Arcelor, destacan por sus elevados consumos de electricidad. Es ingeniero industrial por formación y pese a que en el blog sobre actualidad energética que gestiona en Internet (https://javierpenacho.wordpress.com) se presenta como «jubilado», Penacho mantiene intactas sus muchas inquietudes profesionales en organismos como el Foro de la Sociedad Civil y la comisión de Energía del Colegio de Ingenieros Industriales de Madrid, de los que es miembro. Como buen conocedor que es de la problemática que afecta a las grandes industrias asturianas dependientes del precio de la luz, está al tanto del ultimatum que dieron Alcoa yAZSA al respecto de la continuidad de sus fábricas en España. De esa y otras cuestiones relacionadas habla en esta entrevista.

–¿Qué opinión le merece el nuevo modelo de retribución de la interrumpibilidad eléctrica con el que el ministro de Industria espera apaciguar los ánimos de las empresas que como Alcoa y compañía amenazaron con abandonar España por la falta de competitividad del precio de la luz?

–La solución que ha dado el ministro Soria a ese problema tiene dos aspectos positivos: posiblemente sirva para solucionar el grave problema que se les planteaba a Alcoa, AZSA y Arcelor y además lo hace potenciando el sistema de gestión de demanda eléctrica vigente en España desde los años 80 para que toda la industria básica consiga precios de la luz competitivos a partir de su ayuda al sistema eléctrico. En este último punto, me hubiese gustado que la cifra de potencia de 100 megavatios contratados que limita la aplicación de la nueva normativa no parezca excluyente. Parto de la base de que a mayor esfuerzo de interrumpibilidad, mayor compensación. Por tanto, se podría modular ese límite de forma que cualquier empresa acogida al régimen de interrumpibilidad reciba una retribución en función de su nivel de potencia aportada al sistema en caso de necesidad. Y con esto, entre otras cosas, evitaríamos dar la sensación de que se ha articulado una solución a la carta para determinadas industrias.

–¿Realmente era tan extremo el problema eléctrico de esas industrias como para plantear el cierre de sus fábricas?

–Toda la industria básica, o paga la electricidad a precios comparables a los de su competencia o cierra. El caso del aluminio en concreto es carismático porque, coloquialmente hablando, el aluminio es electricidad solidificada y además el sector trabaja con unas pautas mundiales muy específicas de precio eléctrico. Eso no tiene vuelta de hoja. Por tanto, ¡claro que la situación era grave!

–Explíquese, por favor.

–He referido el caso del aluminio, pero ninguna industria intensiva en electricidad puede elegir dónde compra la luz más allá del mercado local dado que ésta no puede almacenarse ni transportarse como otras materias primas. Por tanto, si el precio de ese input en España está por encima de otros países donde también hay fábricas de aluminio, de acero, de ferroaleaciones, de cobre, de cinc, de cloro, o de cualquier otro producto básico, lo que surge es un problema irresoluble de competitividad del país. Es por esto que la parte regulada del precio de la electricidad que pagan en España las industrias de gran consumo tiene que ser similar al que pagan otras empresas en países competidores.

–¿O sea que la pretendida solución aún no es perfecta?

–Si usted compra una merluza, el pescadero le cobrará lo que cuesta la merluza, pero luego hay que llevarla a casa, cocinarla… gastos añadidos que van sumando hasta completar la elaboración del producto. Con la electricidad también hay ese tipo de gastos y los paga el consumidor final. Cuando el cliente es una industria que fabrica un bien indiferenciado y compite en un mercado globalizado, los precios de todo lo que compran –y el de la electricidad es uno de los más importantes en las industrias que estamos considerando– tienen que responder a la globalización. Por eso, para mi, es fundamental que los políticos entiendan que la globalización y el euro ponen en competencia no sólo a la industria, sino también a ellos mismos; esto les obliga a crear regulaciones competitivas.

–¿Cuál cree que es la probabilidad de que la Unión Europea dé el visto bueno a la reforma del régimen de interrumpibilidad eléctrica? Se lo pregunto porque ciertos colectivos han expresado sus dudas de que el plan de Soria tenga el beneplácito de Bruselas.

–Para responder a esta pregunta, permítame hacer unas consideraciones previas. El pretendido mercado único eléctrico europeo es un fracaso rotundo porque de único no tiene nada debido a las características de la electricidad (imposibilidad de almacenaje, dificultad de transporte, etcétera). ).Y porque los gobiernos han mantenido y mantienen bajo control sus sistemas eléctricos con regulaciones nacionales que, en vez de acercarnos, nos alejan del pretendido mercado único eléctrico. Dado que cada gobierno actúa como buenamente puede o quiere y que la electricidad para consumo industrial debe tener, como ya indiqué antes, un precio competitivo en el mercado global, no queda más remedio que admitir que lo que ha hecho España desde los años 80 es mantener un esquema duro de gestión de la demanda eléctrica para que la industria electrointensiva pueda mantenerse competitiva; y el nuevo paso dado por el ministro Soria va en ese sentido.

–No falta quien cuestione, al hilo de este asunto, que la interrumpibilidad es una práctica innecesaria, y que por supuesto no procede retribuirla en un momento en que el consumo de energía ha caído en España de forma notable debido a la crisis.

–Sí, bueno, siempre hay colectivos o personas con determinados intereses dispuestos a cuestionarlo todo. La interrumpibilidad es un concepto introducido en el sistema eléctrico español en la década de los años ochenta y para lo que sirve es para rebajar las necesidades de potencia y capacidad de las líneas instaladas, por un lado, y por otro para evitar apagones ante fallos sobrevenidos en el sistema eléctrico. Las empresas que, como en Asturias ocurre con Alcoa, AZSA o Arcelor, aceptan adecuar su forma de consumo para responder a estos dos criterios, entre otros, es lógico que sean remuneradas por ese servicio. Entre las más o menos 150 empresas interrumpibles que hay en España, generalmente más pequeñas, la retribución de la interrumpibilidad no es una ayuda, es el pago por una prestación.

–Pero, ¿puede fallar un sistema eléctrico como el español, tan diverso en fuentes de generación?

–Precisamente esa creciente diversidad (centrales térmicas, nucleares, hidráulicas, termosolares, de biomasa, parques eólicos, parques fotovoltaicos) lo que ha venido es añadir mucha complejidad en la labor de Red Eléctrica de España para garantizar suministro eléctrico en todo momento. ¡Porque ojo!, no toda la potencia disponible es fiable. Una noche fría de invierno de un año seco… De repente deja de soplar el viento… Hay un par de instalaciones convencionales en parada por revisión no programada… Podría producirse un gran apagón. ¿Puede permitirse eso un país? Yo creo que no; pero es que además, estamos planteando que la gestión de la demanda eléctrica de la industria básica ha sido la base de un acuerdo con el Gobierno para garantizar la competitividad del precio eléctrico en España a largo plazo. La interrumpibilidad es ahorro y seguridad para el sistema eléctrico y senda de competitividad para las industrias, y ambas cosas requieren de estabilidad largo plazo. ¿O acaso alguien piensa que el señor Mittal no piensa a largo plazo cuando sopesa si vuelve a arrancar o no el segundo horno alto de Veriña? En asuntos energéticos y de competitividad jamás se debe ser cortoplacista.

–¿Por qué es tan cara la electricidad en España?

–Entre otras razones porque nos hemos pasado de frenada en la expansión de las energías renovables. España no estaba preparada económicamente para convertirse de hoy para mañana en el líder europeo de las energías «verdes » simplemente por una decisión política.

–Suena a alegato contra las renovables.

–No, sólo es una crítica al excesivo ritmo al que quisimos desarrollarlas sin pensar en cómo se iban a pagar. Nadie explicó a los ciudadanos que eso había que pagarlo; es decir, que la luz iba a ser más cara debido a que postábamos por producirla mediante fuentes de generación más costosas que las convencionales. La gente podría haber estado conforme o no, pero las industrias no pueden pagar la electricidad ni otras cosas determinadas por decisiones políticas que afectan negativamente a los precios por lo ya comentado sobre la globalización de los sectores en los que compiten.

–¿Y más que subirá la luz, no?

–Pues sí, el ministro Soria tiene una buena papeleta. España corre el riesgo de que estalle la burbuja eléctrica. El déficit acumulado y los sobrecostes anuales de las primas para el impulso de las renovables son insostenibles; pero, ¿cómo, cuánto y en qué plazo se va a repercutir ese dineral en la factura de los consumidores? Si se cobra más a los consumidores particulares se verá afectado el IPC; si se cobra a las empresas, se dañará la balanza de pagos. Sólo se me ocurre una salida: acometer una reforma en profundidad de todo el esquema eléctrico planteando pactos de forma que todos los agentes implicados pongan de su parte; y con ese enfoque la gestión de la demanda eléctrica de la industria básica debe ser parte estructural de la solución.

–No obstante, las compañías eléctricas siguen dando beneficios, lo que a ojos del consumidor resulta en cierto modo hiriente.

–Una empresa se crea para generar beneficios, y cuanto más empresa sea –o sea, menos especulativa–, mejor para todos. Que las eléctricas tengan beneficios, por tanto, es bueno y lo que eso demuestra es que pese a la caída de su demanda, muy inferior a la que están sufriendo sus clientes industriales básicos, han sabido hacer una acertada gestión para no dañar gravemente sus resultados. Esperemos que la reforma energética que Soria prevé  resuelta en breve consiga que las eléctricas –todas– quieran seguir invirtiendo en España a precios eléctricos finales, regulación incluida, competitivos para la industria y razonables para los ciudadanos.

 

 

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