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Archivo mensual: julio 2012

¿Más Europa o una Europa coherente con la diversidad de sus países miembro? El 20-20-20 el año 20 como ejemplo.

A finales del 2008 el Parlamento Europeo aprobó el plan 20-20-20, con el objetivo de conseguir que la UE consiguiese en 2020 recortar las emisiones de CO2 en un 20%, mejorar la eficiencia energética en otro 20% y que el 20% de la energía primaria consumida proceda de fuentes renovables. Respecto de este último dato, en 2009 la UE estaba en el 7%, lo que da una idea del esfuerzo para conseguirlo en poco más de una década , y una forma de justificarlo fue, y sigue siendo en ciertos ámbitos, que la UE de los 27 se confirmaría como la referencia mundial en la lucha contra el calentamiento global y que ello conduciría al impulso definitivo de las tecnologías verdes, que llegarían a consolidarse como una nueva fuente de riqueza para Europa.

Para conseguir todo esto la UE se reservó el derecho de incluso intervenir en los planes al respecto que tenía que aprobar cada estado miembro, si consideraba que no eran lo suficientemente sólidos como para alcanzar esos objetivos. Es decir, intervención en toda regla para alcanzar unas metas probablemente excelentes desde la teoría, pero muy complejas en la práctica, y más si se habla, a la vez, de 27 “jugadores” muy distintos en todos los sentidos, sociales, económicos, técnicos…¿Se tuvieron en cuenta esas diferencias de todo tipo, y el creciente reto que suponía para cada uno de ellos la globalización económica y financiera en la que tendrían que moverse, a la hora de definir, concretar y poner plazos y objetivos comunes?

A mi juicio no y, para explicarlo, me voy a apoyar en el gráfico adjunto elaborado a partir del informe 2011 de la Agencia Internacional de la Energía Key World Statistics (datos 2009). He ordenado Los 27 países UE según el PIB por persona ($2000) y he añadido los consumos de energía primaria y electricidad y las emisiones de CO2, todo ello por persona en las unidades indicadas. El primer vistazo pone blanco sobre negro lo que todos sabemos, que las diferencias en PIB per cápita dentro de la UE son enormes, y mucho mayores que las diferencias en consumos de energía y emisiones de CO2 que, a su vez, crecen con el incremento de renta y bienestar personal.

Para facilitar la visión numérica, he reagrupado a los 27 países, salvo Luxemburgo, en las plataformas A, con PIB del orden de 4.999/6.000 $,  la B, con 25.000/30.000 $, y los países “rampa”, cuyos ciudadanos, entre ellos nosotros, tienen que estar trabajando muy duro para salvar esa diferencia. Los datos correspondientes se recogen en el cuadro adjunto y, vistos los números, ¿es coherente proponer, para la misma fecha, los mismos objetivos de esfuerzo en temas energéticos y medio ambientales, financiación y capacidad técnica incluidas, a países, los de la plataforma A, con un PIB per cápita 5 veces inferior a los de la plataforma B y con consumos de energía por cabeza todavía en necesidad de crecer para que esos ciudadanos consigan calidad de vida comparable a los de la plataforma B?

Y respecto a los “países rampa” los argumentos son los mismos, con la sorpresa añadida de que integran todo el sur UE y a cuatro de los cinco países con “problemas euro”. ¿Será casualidad?. Yo no lo veo así sino más bien una demostración más del esfuerzo necesario para subir la rampa y, por tanto, de la falta de coherencia de Bruselas, que a veces opta sin más por la excelencia teórica al proponer, pero sin “conectar” la viabilidad de esos objetivos con la situación y posibilidades del colectivo que debe asumirlos, 27 países muy diferentes cultural, técnica y económicamente.

Y, como demostración, me propongo analizar resultados en ese triple objetivo. En el de CO2 las cosas no están claras ni mucho menos. En 2003, asumiendo la necesidad de actuar y dar ejemplo en la prevención del cambio climático, Europa creó el comercio de emisiones de CO2 como herramienta fundamental para inducir la baja de emisiones y financiar nuevas tecnologías bajas en carbono pero, 10 años después, no sólo se han creado importantes problemas internos sino que, además, Bruselas no ha podido “vender” el comercio de emisiones al resto de países del mundo y ha perdido peso en las mesas mundiales medioambientales, entre otras cosas porque el tema es muy sensible, está en la base del nivel de vida de las personas, y hay diferencias enormes, como se comprueba en el cuadro adjunto, que ofrece datos de población, PIB y emisiones de CO2. Es decir, la realidad ha demostrado que cuando el rico necesita a los menos desarrollados para lograr su propio objetivo, no puede imponer.

Y he añadido una columna, que podríamos llamar “Intensidad CO2”, que da el resultado de dividir el PIB por la emisión de CO2, con extremos en la muestra de 259 $2000 por tonelada de CO2  en Rusia hasta los casi 4.500 en Japón, pero con cifras en el entorno 2.000/2.600 para países tan distintos como Bulgaria y USA. Este concepto engloba nivel de desarrollo, mapa productivo y energías utilizadas y, si nos detenemos en China, país que a todos nos importa, la cifra es muy baja, 461 $2000 de PIB generado por t. de CO2 emitido, influido por un PIB per cápita todavía la mitad de la media mundial y un 70% de sus necesidades de energía primaria cubiertas con carbón propio. En definitiva, por cada t.de CO2 emitida genera 5 veces menos PIB que la UE y USA pero no porque lo haga mal, sino porque la energía más barata y accesible que tiene para posibilitar su crecimiento es el carbón.

Y recordando que el objetivo del comercio de emisiones es provocar sobrecoste en las tecnologías más emisoras para ir induciendo su sustitución por las de menos emisión, lo que equivale a aceptar voluntariamente un sobrecoste interior a corto plazo porque, incluso en el mejor de los casos, hay que dar tiempo para que esas nuevas tecnologías resulten competitivas, volvamos a China, a la que ese sobrecoste voluntario inmediato le afectaría en proporción cinco veces  más alta que a las áreas a las que dirige buena parte de su producción, y no digamos Japón, es decir, les supondría aceptar una perdida de competitividad “autocreada”. A mi juicio es evidente que China, y no sólo China, tiene que decir que no, y sin que ello presuponga que no va a instalar renovables y nucleares y lo que toque, pero no lo hará para sustituir “su” carbón, sino porque su ritmo de desarrollo le exige mucha nueva energía, pero siempre lo más barata posible, y reducirá sus emisiones, como en todos los países a medida que avanzan, pero por razones sociales internas.

Y otro apunte numérico. Cuando los hindúes, siguiendo su senda de crecimiento, lleguen a emitir por cabeza sólo la media mundial, o sea la mitad que los europeos y la cuarta parte que los americanos, el incremento de emisiones de su país sería comparable a toda la emisión actual de la UE. Es decir, aunque la UE emitiese “cero” en ese momento, o sea todos muertos, el peso del CO2 en la atmósfera global seguiría subiendo.

Luego en un problema, el de cambio climático, obviamente mundial, cuya solución pasa necesariamente por consenso y compromiso controlable entre países ya desarrollados y en desarrollo, ¿qué hace Bruselas? Pues seguir en sus trece, en sus equilibrios políticos internos, pretendiendo incluso incrementar el objetivo de reducción de emisión de CO2 al 30% en  lugar del 20%, cueste lo que cueste, perdiendo peso en todas las mesas de negociación y, a la vez, cada vez con más problemas internos, por diferencias entren países y con los técnicos UE enfrentados a regañadientes a la necesidad de crear excepciones para no provocar la deslocalización de buena parte de la eficientísima industria UE que, simplemente, no puede soportar sobrecostes regulados internos, tanto directos, sus propias emisiones, como indirectos, los incluidos en los precios de las energías que consumen, mientras sus competidores en América, Africa, Asia, Oceanía y resto de Europa no se vean obligados a lo mismo.  Por cierto, si se producen esas deslocalizaciones la emisión global de  CO2 aumentará, porque lo que se deje de producir aquí se producirá fuera con menos eficiencia. ¿Tiene lógica este empecinamiento de Bruselas, aislada en su solución ante un problema, el cambio climático, que sólo se puede solucionar con consenso mundial?

En cuanto al 20% de ahorro vía eficiencia, la propia UE sabe que el objetivo está fuera de posibilidad, entre otras cosas porque a alguien se le olvidaron dos cosas, que la industria que compite es eficiente por definición, y que el sector edificación, bastante “virgen” en estos temas, supone un tercio de la demanda energética. Pero claro, es más fácil concentrarse en las chimeneas que crear propuestas adaptadas a las características de los otros destinatarios, oficinas, edificios públicos, viviendas de particulares, comunidades de vecinos, incluyendo esquemas de financiación adecuadamente favorables para que todos a la vez pudiesen empezar a rehabilitar su edificios en favor no tanto de la estética sino de la eficiencia energética. Todo un reto, pero debieron pensarlo antes de fijar el objetivo genérico de 20% para la suma de todos los consumos de energía.

Y en renovables, como hay datos, contrastados y contrastables, en mi caso he partido del informe de British Petroleum “Statistical Review of World Energy” de junio de este año, que ofrece datos directos de consumo 2011de las diversas fuentes de energía, renovables incluidas, para la mayoría de países. Con ellos he calculado el peso de las renovables sobre la demanda de energía primaria, con y sin hidráulica, las columna C y B, respectivamente, del cuadro adjunto, y he añadido los datos de PIB por persona utilizados en el gráfico y cuadro anteriores.

Aunque son fuentes distintas, y los datos PIB son 2009 y los de reovables 2011, los datos por conceptos son homogéneos y la información cruzada mantiene firmeza y no impide proponer conclusiones, que voy a plantear en forma de preguntas con sus respuestas:

  • Dada la situación relativa 2011 de los distintos países; ¿cumplirán con el 20% de peso de las renovables, hidráulica incluida, en su consumo total de energía el año 20 países “ricos”, como Holanda, Bélgica, Reino Unido, incluso Francia?. A mi juicio no, salvo que alguien consiga que, a efectos CO2, las nucleares francesas computen como renovables. No es broma, se ha intentado;
  • ¿Les cuesta algo superar el 20% a países superhidráulicos, Suecia, Austria, Finlandia?. Nada en absoluto;
  • ¿Pueden países en los puestos 12 y 14 en PIB per cápita, España y Portugal columna A, afrontar con solidez financiera la inversión necesaria hasta situarse en los puestos 4 y 2 de peso de renovables, columna B? Ya estamos comprobando que no, a la espera todavía de la fórmula que encuentre el Gobierno para encauzar un problema, los pagos por los costes energéticos, cada vez más grave. En definitiva, otra vez demasiadas demasiadas desigualdades de trato y de reacción por países.

En resumen, el problema de la UE no sólo se ciñe a la gobernabilidad €. Y si en el euro necesitamos más control desde Bruselas, cesión de soberanía incluida, en otros temas, energéticos y medioambientales entre ellos, lo que hace falta es mas coherencia de forma que Bruselas, que tiene la obligación de proponer objetivos ambiciosos, también tiene siempre que garantizar que no propone utopías ni dogmatismos, que se han hecho las cuentas y que las propuestas concretas son coherentes con las posibilidades reales de la diversidad de los países que integran la UE. En este sentido, a mi juicio el 20-20-20 el año 20, que puede quedar perfecto como slogan, es un claro ejemplo de lo que no debe volver a suceder. Por cierto, ¿España puede cumplirlo financieramente hablando? A mi juicio no, con crisis y sin crisis, y cuanto antes lo asumamos, mejor. No renunciemos a NUESTROS objetivos medioambientales y de dependencia energética, pero al ritmo que permita nuestra capacidad para financiarlos de forma ortodoxa, o sostenible, como se dice ahora.

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