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Archivo mensual: mayo 2012

La electricidad y el pacto a tres bandas, Gobierno, productores y consumidores

Tras haber dedicado prácticamente toda mi vida profesional
al tema eléctrico desde la perspectiva de la industria consumidora, ver a
grandes empresas del IBEX acusarse sistemáticamente en la prensa, defendiendo
la electricidad convencional y acusando a la renovable, y viceversa, cada uno a
lo suyo, me inquieta profundamente, tanto por la importancia de los
“contendientes” como por el producto, nada menos que la electricidad, servicio
imprescindible para las personas en sus casas y, a la vez, factor de coste para
el empresario en su empresa de servicios o en su planta industrial.

Es decir, la electricidad no es un fin en si misma, sino un
medio imprescindible para todos porque está en la base de todo, y de forma
creciente, porque cada día hay más cosas, aparatos y equipos industriales que
sólo pueden funcionar con electricidad de calidad y garantizada en todo momento.
Luego la problemática del abastecimiento eléctrico en nuestro país no pasa por
echarse unos a otros la “patata caliente” del problema, y menos en prensa, sabiendo
todos que España está en “el ojo del huracán”, y que todo cuenta, en un mundo
globalizado, para que el inversor internacional mire hacia otro país.

Dicho esto, me voy a “definir” dentro de esta polémica. En
primer lugar, soy firme defensor de todas las tecnologías de generación
eléctrica, incluida la nuclear, por su competitividad y altísimo peso
tecnológico, que se expande por el país vía numerosas empresas y, por supuesto,
también de las renovables, porque sin duda son parte del futuro. Y también creo
que ninguna de las grandes empresas energéticas del país está actuando de forma
fraudulenta, “llevándose” lo que es de
otro. Cada una está aplicando la intensa sobrerregulación de la forma más
adecuada para sus intereses, lógico en empresas bien gestionadas.

Pero lo que tengo más claro es que el abastecimiento de
electricidad en nuestro país está en una situación límite desde la perspectiva
financiera a corto, compleja desde la perspectiva del mix largo plazo, con
potencia instalada que duplica a demanda necesaria, pero con unas instalaciones
“al servicio” de otras, para garantizar el suministro, y con la competitividad
comprometida. ¿Cómo hemos llegado a esta situación?. A mi juicio, por una superposición
de situaciones: a) Bruselas, en plena globalización mundial, liberaliza la electricidad
sin política energética común ni redes suficientes; b) Bruselas avanza a pasos
agigantados en temas medioambientales, sin tener en cuenta las enormes diferencias
entre sus países miembro; c) la locura financiera permite a todos, ciudadanos y
gobiernos, decidir grandes proyectos con dinero prestado sin tener que hacer
bien las cuentas y, d) en esta debacle, los gobiernos, de espaldas a Bruselas y
al mercado, deciden “su” mix óptimo, ideología incluida y, a la hora de
financiarlo, la superabundancia de dinero les permitía ser poco exigentes a la
hora analizar la capacidad real de pagar lo gastado. En España sabemos mucho de
esto.

Esta mezcla de psudoregulador central, Bruselas, y de
gobiernos decidiendo sobre la energía bajo planteamientos propios, locales, ideológicos,
etc, está resultando todo menos coherente desde la perspectiva de un mercado
eléctrico “único” en la UE. Veamos, como ejemplo simple, el peso en el consumo
de energía primaria de tres fuentes energéticas en discusión, nuclear, carbón y
renovables, en Francia, uno de nuestros referentes en nivel de vida “por
arriba”, Polonia, también referente de los que nos compiten “por abajo”, y nuestra
España. Pues bien, en 2010 ese peso fue, en Francia, 38,4%
nuclear, 4,8% carbón y 7% renovables. En Polonia, 0% nuclear, 56,4% carbón y
2,8% renovable. Y, en España, 9,3% nuclear, 5,5% carbón y 14,7% renovable. Es
decir, Francia sigue firme en su nuclear, que le garantiza autoabastecimiento a
coste eléctrico competitivo, Polonia no abandona su fuente interna, el carbón, al
que no puede renunciar si quiere más renta para sus ciudadanos, a pesar del
CO2, y España se lanza a las renovables por medioambiente, ideología y autodependencia,
pero sin valorar el efecto real sobre la economía y la competitividad.

Volviendo a la electricidad, ¿qué ha pasado con los precios
europeos tras la liberalización 1997?. En lo que se refiere a la parte “liberalizada”,
el precio del MWh en los distintos países UE ha crecido, pero con tendencia a
converger con altibajos, y todo con independencia del mix, probablemente porque
en todos pesa el ciclo combinado, con el gas si respondiendo a precio
internacional. Pero cuando añadimos la parte regulada antes de impuestos,
Eurostat indica que los precios finales también crecen, pero a mayor ritmo que
los del mercado y divergiendo, no convergiendo. Es decir, es la toma de
decisiones regulatorias de los diversos gobiernos UE sobre electricidad la que
ignora la convergencia de los precios y olvida su competitividad, precisamente
lo que Bruselas busca al promover un único mercado UE.

¿Y el caso español? En lo referente a los precios de
mercado, los precios de OMEL-OMIE han respondido a esa convergencia, e incluso
señalando diferencias a nuestro favor respecto de, por ejemplo, los alemanes o
franceses, pero en los precios finales, al incluir la parte regulada antes de
impuestos, en el periodo 1999-2011, según Eurostat, hemos pasado de entre los
mejores de la UE a entre los peores, tanto en electricidad doméstica como industrial.
Y eso con la importancia que tiene la competitividad empresarial de nuestro
país en plena época €uro, porque la liberalización y la entrada del ECU-Euro
coinciden en el tiempo.

Pero, además, durante esos años la regulación española ha
“evitado” trasladar a los precios finales buena parte de los costes asumidos, unos
24.000 Millones de €, que han pasado a deuda de los consumidores españoles con
nuestros proveedores, luego la estadística Eurostat se queda corta. Con déficit
de tarifa 0 €, nuestros precios se saldrían de escala al compararlos con los
europeos. O sea, ¿qué pasa con la parte regulada española?¿en qué somos
diferentes?¿es problema de la parte técnica de las tarifas de acceso, el transporte,
distribución y gestión del sistema, o es de la parte correspondiente a decisiones
políticas?

A partir de diversas informaciones, se puede decir que transporte
y distribución son “normales”, ni buenos ni malos, dentro de la UE, y lo dejo
en este término porque es difícil comparar de forma precisa el coste de llevar
la luz al ciudadano en países con muy diferente relación tamaño/población/peso
de las grandes ciudades/diferencias sociales, etc, pero si en algo se ha
distinguido España en temas eléctricos en la UE ha sido por el impulso político
a la electricidad renovable, con el objetivo de llevarla al 40% del total de
electricidad generada en 2020 para poder cumplir con el 20% de peso de las
renovables en energía primaria.

Para ello se estableció
un esquema de primas y prioridades ajeno a Bruselas y al mercado y, desde la
perspectiva de ese 20%, ha funcionado bien porque atrajo inversores suficientes
como para que en 2010 alcanzásemos el 14,7% de peso de las renovables en la
energía primaria consumida, luego llegar al 20% diez años después se hacía posible,
pero…¿hubiese tenido tanta libertad el gobierno en un mercado único de
electricidad UE, con los clientes españoles eligiendo su proveedor en toda
Europa?¿Se habría llegado a estos números sin contar con la locura de la
facilidad financiera?. A mi juicio no. ¿Y el efecto práctico sobre los precios
eléctricos españoles?. Con fuente Ministerio de Industria, las primas a las
renovables supusieron un sobrecoste medio 2009-2011 del orden de 20 €/MWh, para
un precio OMEL también medio de unos 41 €/MWh, luego lo lógico es pensar que la
apuesta renovable, que supone un sobrecoste del 50% del precio de mercado, ha tenido
peso importante en esa anormal subida de precios finales que señala Eurostat.

Y, ¿cara al futuro? Las previsiones PER 2020 cambian el peso
de las tecnologías renovables y las primas, pero esos 20 €/MWh como sobrecoste
renovable siguen en 2020 y más allá, incluso con datos superiores en años
intermedios, como si no hubiese pasado nada ni en los precios finales, ni en el
déficit de tarifa, ni en la curva de aprendizaje de las diferentes tecnologías,
ni en la capacidad española para financiarse en el exterior. Vuelvo a preguntar,
¿qué empresa multinacional, española o no, puede racionalmente plantearse
invertir en un país con ese sobrecoste a largo plazo en un factor de coste
local, como es la electricidad, en un mundo cada vez más globalizado? Y, por
cierto, si se pierde inversión productiva eficiente en España, ¿cómo, quien y
cuando va a pagar las primas a las renovables?.

¿Son las primas a las renovables el único sobrecoste de la
parte regulada? No. Está la parte de déficit que pagamos cada año, la compensación
a las tecnologías que funcionan o paran en función del viento o el sol, la
problemática del carbón nacional “solucionada” a través del precio eléctrico,
el propio diseño del mercado para un producto no almacenable, la permanencia de
diversas tecnologías con costes muy distintos con un precio de venta único (la
base de los “windfall profits” en muchos países europeos), etc, pero la intensidad
y diseño de la opción renovable española es la parte más importante y, además, está
en el origen de casi todo el resto. Sé que entidades de prestigio valoran positivamente
los beneficios de la actividad renovable en términos país, menos importación de
petróleo, más empleo, mucha inversión, menos CO2, etc, pero, por ahora, el
motor de esas actividades no responde a competencia sino a subvención pagada directamente
por los consumidores españoles, personas y empresas, a un ritmo que ya nos ha colocado
entre los que más cara la electricidad en la UE y, encima, generando déficit a
nuestro cargo.

Planteado en plan rotundo, ¿puede España cumplir, financiera
y competitivamente hablando, el 20-20-20 el año 20?. Francamente, creo que no,
por muy deseable que sea el objetivo. Y para contrastar, y volviendo a la
estadística BP antes referenciada, en 2010 Reino Unido, Holanda y Bélgica no
llegaban al 3% de peso de las renovables en energía primaria, y la propia Alemania
se quedaba en el 7%. ¿Llegarán al 20% el año 2020? El que crea que si, que
levante la mano. Yo, no. En resumen, creo que no podemos seguir priorizar lo medioambiental
sin pensar quien, cómo y cuándo paga esa priorización sin perder competitividad,
y esto no supone negar la opción renovable, sino integrarla en un principio
obvio: la regulación, la eléctrica incluida, también tiene que resultar
competitiva, porque el € y el mundo ponen en competencia a las empresas, por
supuesto, pero también a los reguladores.

¿Y la solución?. Ante una situación a mi juicio regulatoriamente
insostenible, la única solución racional, y más en temas económicos, pasa por
el consenso entre las partes, todas, consumidores incluidos, para llegar a un
pacto económico-financiero en lo inmediato, y otro de lógica técnico económica de
todo el modelo, mercado y formas de contratación incluidas, para conseguir todos
seguridad funcional-jurídica a largo plazo, el gobierno vía garantía de
suministro medioambientalmente asumible, los consumidores vía senda de precios
competitivos a medio y largo plazo y los generadores, todos, vía senda de
recuperación racional de sus inversiones. Si no se consigue, las
multinacionales de uno y otro lado, proveedores y clientes, racanearán con sus
inversiones en España, y eso lo acabaremos sufriendo todos, porque con la
electricidad no se puede jugar seas de derechas, de izquierdas o mediopensionista
porque, insisto, además de no almacenable es, a la vez, un servicio
imprescindible para el ciudadano y un factor de coste, a veces determinante,
para las empresas.

Y ese pacto pasa por el esfuerzo compartido para llegar a esos
objetivos. Justo lo contrario de denuncias en prensa. Ojalá el Ministro Soria
lo consiga, para el bien de todos.

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